16 abril, 2021

No ganará Flandes, pero Van Avermaet es un ciclista monumental

La carrera de casa, el Tour de Flandes, sigue faltando en el palmarés de Van Avermaet

El otro día, en nuestra previa para Flandes & Roubaix, Fran Ventoso nos advertía de una realidad que teníamos cada vez más clara: «Greg Van Avermaet posiblemente está ante una de sus últimas opciones de ganar el Tour de Flandes«.

No le veíamos en primera línea de favoritos, nos costaba visualizarle en la segunda, pero teníamos más o menos claro que no andaría lejos de los mejores.

Su casco dorado, bien estuviera en CCC o ahora en AG2R, incluso aquel de matices dorados de BMC, era siempre un fijo en la fotografía de Flandes, Harelbeke o Wevelgem.

Un casco que en este Tour de Flandes cruzó tercero la línea de meta y que combina de forma casi hipnótica con la parte central de su manillar, donde la potencia y el tubo horizontal de su «machine».

Esa BMC luce espectacular.

Sea como fuere cuando Van Avermaet cruzó Flandes tercero, batiendo en un simulacro de sprint a Stuyven, quien renunció casi en el mismo lanzamiento, quien más quien menos llegó a pensar en un puesto de relleno en el podio de De Ronde.

Pero es que es un podio en Flandes, otro más, el que firma Greg Van Avermaet, quien posiblemente no vaya a ganar nunca esta carrera, seguramente la más querida para él.

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Con la certeza de que el tercer puesto de Van Avermaet en Flandes le hizo más feliz que el segundo a Van der Poel, conviene ponerse de pie para hablar de este corredor que en catorce años ha sido cuatro veces podio en De Ronde.

Igual que a Van der Poel, una plaza que no fuera la primera también hirió a Van Avermaet en Oudenaarde, pues sus mejores registros han tenido lugar con el circuito actual.

Recuerdo dos ediciones en concreto, ambas finalizadas con puesto de plata, selladas tras actuaciones esplendorosas, como la magnífica que perdió al sprint ante Fabian Cancellara, un tío que no acostumbraba a matar en llegadas en grupo, pero que tras 260 kilómetros cualquier cosa puede pasar.

Ese día Van Avermaet lo puso todo de su lado, trabajó como un poseso, pero ahí estaba el guardián de Lefevere, Vanderbergh, para aguar la fiesta.

Aquella segunda plaza nos dolió, por lo mucho que había trabajado y lo poco que le cundió, como cuando una chaqueta en el Oude Kwaremont tiró a Sagan al suelo, y con él los ahora compañeros Van Avermaet y Naesen, en la caza hacia Philippe Gilbert.

Otra vez segundo, otro podio, pero nunca primero.

Ese año, 2017, el recién proclamado campeón olímpico estaba de dulce, había ganado todas las del adoquín y haría lo propio con Roubaix.

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Pero Flandes no, Flandes se resistió entones, como lo había hecho antes, como lo sigue haciendo hoy, con muchos caballos ganadores delante de Greg Van Avermaet, quien no ha sido un prodigio de efectividad, pero es que estas carreras no hay quien las dome y su tenacidad al servicio de la causa lo explica nítidamente.

Sin Roubaix el fin de semana, Van Avermaet espera rearmarse y pensar más allá de las piedras, para seguir cimentando una de las trayectorias más sólidas que seguro encontraremos en el pelotón.

Imagen: FB AG2R

Fuente: aquí

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